17/1/17

Zama, de Antonio di Benedetto

El Sol era un perro de lengua caliente y seca que me lamía, me lamía, hasta despertarme.

Cuando llevaba pocas páginas de la novela, en cierta manera irritado por el comportamiento del personaje, Diego de Zama, pensaba iniciar esta reseña con la frase “Los hombres piensan con la polla”. Después seguiría una digresión en torno al poder y a ese instinto primario masculino, explicando que a pesar de la (supuesta) inteligencia y de la posición que ocupa en la sociedad, uno puede ser presidente de la nación más poderosa del mundo pero, al menos una vez cada día, pensará con la polla; uno puede dirigir el FMI pero, al menos una vez cada día, pensará con la polla. Esto no se reduce a una clase social, es una lacra de género: el obrero, el conductor de autobús, el dependiente, el funcionario, el intelectual, la mayoría de los hombres al menos una vez cada día pensará con la polla. En fin... esa clase de digresiones que no llevan a ninguna parte. De hecho lo que me interesaba era ver si Benedetto ahondaba en esa tesis para criticarla o abonarla. Yo, lector impaciente, había cometido un grave error: anticiparme a los acontecimientos.
La segunda parte de la novela me desconcertó, la tercera me desarmó y subyugó.

Fascinado por la lectura de esta magnífica novela quise ahondar en la idea que tuve al principio.
Es decir, si los genitales son de alguna manera el órgano que dirige las acciones de Zama en la primera parte de la novela, ¿existen otros órganos capitales en las otras dos partes? Todas estas elucubraciones tontas las hacía durante la lectura. Descubrí que sí, que la segunda parte estaba dominada de alguna manera por el estómago, así que pretendí desentrañar que órgano dominaba la tercera y última parte de la novela.
El inicio de la tercera parte es sencillamente magistral. Su desarrollo demoledor. Su desenlace muestra la parte del cuerpo que domina este tramo de la novela. (O no. Pero que una parte del cuerpo sea relevante al finalizar la novela me animó a ahondar en esta tesis)

(Después me puse a buscar la fecha de traducción al inglés de la novela. Agosto de 2016. No puede ser, me digo. Esta novela, Zama, la tiene que haber leído Cormac McCarthy... Zama tiene que ser la inspiración de Meridiano de sangre... ¿lee McCarthy en español?... bueno, dejémoslo)


Dijo que hay un pez en ese mismo río, que las aguas no quieren y él, el pez, debe pasar la vida, toda la vida, como el mono, en vaivén dentro de ellas; pero de un modo más penoso, porque está vivo y tiene que luchar constantemente con el flujo líquido que quiere arrojarlo a tierra. Dijo Ventura Prieto que estos sufridos peces, tan apegados al elemento que los repele, quizás apegados a pesar de sí mismos, tienen que emplear casi íntegramente sus energías en la conquista de la permanencia y aunque siempre están en peligro de ser arrojados del seno del río, tanto que nunca se les encuentra en la parte central del cauce, sino en los bordes, alcanzan larga vida, mayor que la normal entre los otros peces. Sólo sucumben, dijo también, cuando su empeño les exige demasiado y no pueden procurarse alimento.

Mi lectura asignando a cada parte de la novela un órgano del cuerpo humano es un error. Zama también puede leerse como una novela social, lo cual sería también un error. Porque la novela de Benedetto, que se detiene en unos solos días de la vida de un hombre, días separados por varios años (las tres partes se desarrollan respectivamente en 1790, 1794 y 1799), sin ahondar demasiado en lo que ocurre los años que separan cada parte, ni en los antecedentes del personaje, Diego de Zama, narrador en primera persona, es una novela que quiere abarcar la totalidad de la existencia humana. Quiere, pues, ir de lo particular, lo circunstancial y lo anecdótico a lo universal.
Lo curioso, y también lo grandioso, es que lo hace a través de un personaje negativo: sujeto a pasiones incontrolables, resentido por su situación social, amargado por una espera estéril, orgulloso y ambicioso, Diego de Zama es una sombra consumida por su pasado:

¡El doctor don Diego de Zama!… El enérgico, el ejecutivo, el pacificador de indios, el que hizo justicia sin emplear la espada. Zama, el que dominó la rebelión indígena sin gasto de sangre española, ganó honores del monarca y respeto de los vencidos.

¿Por qué puede hacerse una lectura social? Porque Diego de Zama está atrapado entre dos mundos sociales, uno al que pertenece por origen, ha nacido en Buenos Aires, y el de la administración del Virreinato, para la que trabaja y en la que para ascender es preciso o bien ser español o bien que el Rey de España promulgue el ascenso por los méritos del concurrente, cosa que ocurre en el caso de Zama, pero que se demora año tras año. Diego de Zama merece pertenecer a la élite administrativa, o eso cree, o eso le hace creer el sistema social imperante. Su impaciencia y su orgullo le impulsan hacia el absurdo.

¿Por qué es una novela filosófica o, ejem, existencial avant-la-letre? Porque antepone los deseos humanos a la estructura social. Es más, porque confronta esos dos ámbitos haciendo que los deseos de Zama sean precisamente escalar en la estructura social. Pero el narrador está atrapado entre esos dos mundos. En los primeros capítulos de la novela, Zama sorprende a unas mujeres bañándose desnudas en el río. Las espía y luego huye al saberse descubierto. Una de las mujeres le sigue para conocer su identidad. Zama la asalta y la golpea de forma degradante. Razona: “Mi mano puede dar en la mejilla de una mujer, pero el abofeteado seré yo, porque habré violentado mi dignidad”. ¿Se puede juzgar a Zama desde valores contemporáneos? No, porque el personaje es hijo de su época. Todos sus actos deben ser juzgados o entendidos como propios de la época y el ambiente en el que vive. Aun así, el comportamiento de Zama, dominado por el orgullo, la lujuria, el rencor y la violencia, nos da una imagen del hombre (esa mitad de la humanidad) que no nos puede satisfacer, pero que al mismo tiempo es un claro y certero análisis de el verdadero comportamiento y las íntimas (y desagradables y mezquinas) motivaciones que mueven al hombre.

Una gran, inmensa y desesperanzadora novela.


Lo que sigue a continuación es para aquellos que han leído la novela y podría considerarse spoiler, así que lo dejo a vuestro criterio leerlo o no.

El caso es que no dejo de darle vueltas a la tercera parte de la novela. Es obvio que Zama no puede escribir personalmente esa parte. Son, pues, unas memorias escritas por persona interpuesta. Sin embargo es la parte que alcanza mayores cotas de una narrativa, digamos, poética y la que se adentra de forma más íntima en la mente del imposible narrador. Como si el amanuense encargado de redactar la tercera parte tuviese acceso a los sueños y delirios de Zama. El resultado es que, una vez conocido el desenlace de la tercera parte, volver a leer el fragmento de 1799 nos lleva a (re)conocer un genial ejercicio de narrativa que acrecenta aún más el valor literario de la novela de Benedetto.

15/1/17

Días entre estaciones, de Steve Erickson

“Pero ahora (la película) existía, la tenía delante, y con una nueva certeza: allí estaban las armas por encima de la bañera, sin que nadie de la escena fuera consciente de ellas ni imaginase que al menos una estaba cargada y que, treinta años después, alguien oiría su detonación por primera vez y que, tras otros treinta años, aún seguiría oyéndola”
Antonin Artaud interpretando a Marat en Napoleon de Abel Gance.

Para rodar Napoleón (Napoléon vu par Abel Gance) en un tiempo en que lo habitual era filmar con una cámara fija, Gance empleó técnicas innovadoras y jamás empleadas hasta entonces. Junto a D.W. Griffith y Serguei Eisenstein forma parte de los creadores del lenguaje cinematográfico. Lo curioso del caso es que la película de Gance no pudo verse completa más que en su estreno en 1927. Poco después, debido a su largo metraje y a lo complicado de su proyección en un sistema de tres cámaras inventado por Gance, fue mutilada y recortada para ser exhibida en Reino Unido y EEUU, con una duración bastante inferior a las más de cinco horas y media originales*. Luego, la llegada del sonoro, relegó Napoleon al olvido. En 1981, después de veinte años de trabajo e investigación, Kevin Brownlow consiguió restaurarla.

 Marguerite Gance, esposa del director, interpretando a Charlotte Corday en Napoleon.

*Gance dijo que su película duraba nueve horas y que había que verla en dos días. También dijo que, a excepción de Beethoven, había dirigido todas sus películas sonoras con los ojos cerrados.


La historia relacionada con el rodaje de la película de Gance sirve de base a Erickson para crear la historia de Días entre estaciones. Una historia ambientada en varias épocas y que recoge la historia de Adolphe Sarre y la película que filmó, La muerte de Marat, una obra maestra que “jamás” terminó y “nunca” fue proyectada. Es la historia de una búsqueda y es muchas cosas más. Es al mismo tiempo la exploración por los géneros narrativos literarios desde finales del diecinueve hasta la llegada del cine sonoro. Tal vez, desde ese momento, hemos estado leyendo con los ojos cerrados.
Como ocurriría años después con Zeroville, todo en Días entre estaciones, la primera novela de Erickson, está impregnada de cine.

De pequeña Lauren salí al campo en Kansas y llamaba a los gatos. Éstos acudían uno tras otro por la hierba, cubierta de los primeros hielos del invierno, mientras ella los veía venir a la luz de la luna. Las sombras de las nubes en movimiento formaban un millar de pequeñas intersecciones oscuras ante ella. El destello del hielo era como el de los ojos de los gatos, y éstos se asemejaban a su vez a los de las estrellas que perforaban las nubes. Lauren se preguntaba por qué acudían. Eran salvajes y no hacían caso a nadie (…) Pero acudían por ella y tal circunstancia dejaba claro que, por tal motivo, Lauren era de algún modo especial; y quizás, se preguntaría veinte años después, acudían por la misma razón que ella acudía a ellos, porque era hermoso ver todos aquellos cruces de sombras y el despliegue de luces como estacas y porque también ella era hermosa en el mismo sentido.
Aquí, en el primer párrafo de la novela y a lo largo de todo el libro, se presenta la dualidad especular que es el motivo principal. La belleza del espectáculo que contempla la Lauren niña en Kansas la convierte a ella, la espectadora nocturna, en una imagen bella. Esa sería en definitiva la magia que cabría esperar del cine. Pero, como le ocurre a la Dorothy de El mago de Oz, Lauren es trasladada a un mundo irreal, con tormentas que llenan las ciudades de arena, con enormes glaciaciones que hacen la vida imposible, donde el dolor por la pérdida y la tristeza por el abandono lo dominan todo. Un mundo feo y gris donde los gatos no acuden por la noche.


La pantalla cinematográfica es empleada por Erickson como la superficie de un espejo distorsionador. Así, las historias de gemelos y dobles se suceden a lo largo de toda la novela como si esa superficie reflectante se hubiese ablandado y permitiese el tránsito de una parte a otra. Un hombre sin memoria puede recuperar su aplomo y su seguridad una vez traspasada esa membrana imaginaria y convertirse en su propia ficción. Todos los personajes de hecho se balancean entre esos dos mundos, siendo reflejos exagerados habitando el mundo de la ficción. Sólo Lauren, como Dorothy, parece ser consciente de haber atravesado esa membrana... pero ella no quiere volver a Kansas.

O, al menos, no opina que “no hay lugar como el hogar” (o algo así)
El cine es mucho mejor lugar... es nuestro hogar.




Tal vez sea recurrente advertir que estamos ante la primera novela de Erickson, con todo lo que eso conlleva para quienes sienten prejuicios hacia las primeras novelas. Es cierto que no tiene la solidez estructural de Zeroville, pero es una gran novela sobre todo teniendo en cuenta que la vacilación y la ingenuidad de algunos pasajes, posibles fallos que se pueden atribuir a la impericia de un escritor novel, se ajustan muy bien al tono de la narración. Donde no flaquea en ningún momento Erickson es en su amor entregado y sin reservas al cine, construyendo su historia desde las mismas pantallas, sacando a sus personajes de las películas y dándoles una nueva ficción narrativa donde puedan vivir.

Mirad esas pistolas en la pared sobre la cabeza de Artaud-Marat. Merecían ser disparadas. Erickson lo logra.


Los fragmentos de la traducción de José Luis Amores para Editorial Pálido Fuego.

5/1/17

Mumbo Jumbo, de Ishmael Reed

Bueno, y tened presente de dónde procedieron en primer lugar aquellos Misterios Masónicos. (Véase Ishmael Reed, el de Mumbo Jumbo. Sabe más sobre el asunto que cuanto podríais encontrar aquí.)
Thomas Pynchon, El arco iris de gravedad.


Una frase de la novela me llama la atención. Dice Reed que Homero no incluye a Dioniso entre los dioses y es absolutamente cierto. Repaso la Iliada y la Odisea, esta última, según Reed, inspirada en los viajes de Dioniso tras su fuga de Egipto, y no encuentro mención alguna a Dioniso. Repaso entonces Mumbo Jumbo y no encuentro mención a Orfeo.
Respecto a Dioniso encuentro la razón en la Historia de Herodoto:

(pues lo cierto es que no todos los egipcios veneran de modo uniforme a los mismos dioses, salvo a Isis y Osiris —que, según dicen, es Dioniso—; a estos dioses sí que todos los veneran de modo uniforme).
(...)
Y los egipcios aseguran que conocen con certeza esas cifras porque siempre llevan la cuenta de los años y la registran. Ahora bien, desde Dioniso, que, según los griegos, nació de Sámele, hija de Cadmo, hasta mi tiempo han transcurrido unos mil años aproximadamente; desde Heracles, hijo de Alcmena, unos novecientos; y desde Pan, hijo de Penélope (pues los griegos afirman que Pan fue hijo de ella y de Hermes), hasta mi tiempo han transcurrido menos años que desde la guerra de Troya, unos ochocientos aproximadamente.
(Historia; Libro II)

Dioniso era un recién nacido en tiempo de Homero, así que no es de extrañar su ausencia en sus obras. Osiris es Dioniso en lengua griega, confirma Herodoto. Ambos, según la mitología, fueron despedazados y sus partes dispersas por el mundo.
Orfeo también fue despedazado por las Ménades.
Orfeo descendió al infierno, al Hades, a rescatar a Eurídice. Ya sabemos lo que pasó.
Dioniso descendió al Hades a rescatar a su madre Sémele o bien su madre era la misma diosa del inframundo, Perséfone.
Osiris es el juez del inframundo.
La cabeza de Orfeo, el corazón de Dioniso, el pene de Osiris.

Osiris es un héroe cultural. Es, en cierta manera, el creador de la civilización. Y, también, del ocio. Osiris enseñó el cultivo de la uva y la producción del vino; Isis, según Plutarco, enseñó música.
Música y vino son los símbolos de Dioniso. Su séquito, el tíaso, avanzaba triunfal y caótico: ménades, ninfas silenos , panes, y centauros, embriagados y al son de la música, agitando al aire la vara forrada de vid y coronada por una piña para que tenga aspecto fálico.
Mumbo Jumbo, según la wikipedia en inglés, es un término que denota lenguaje confuso o sin sentido. También puede referirse a prácticas basadas en la superstición, rituales destinados a causar confusión o idiomas que el hablante no entiende. Mumbo Jumbo es el sonido del tíaso avanzando. Mumbo Jumbo es el sonido del éxtasis pletórico del séquito de Dioniso arrollándolo todo a su paso. Es el Jes Grew, el virus del ragtime, la locura sincopada del jazz, propagándose e infectando todo de una alegría desbocada y revolucionaria.

Volvamos a Orfeo. A pesar de ser de los tres el mito más conocido, a pesar de ser una nueva versión, o una revisión, del mito de Osiris, Orfeo es un triste. Fue a rescatar a Eurídice y fracasó en el último momento. A partir de entonces se retiró a los bosques a vivir en solitario, manteniendo un completo celibato, sometido a una voluntaria y estricta dieta vegetariana. Y aún así, sigue manteniendo el poder de su música. Es capaz de doblegar la voluntad de las personas, es capaz de mover montañas y ríos con el poder de su lira de nueve cuerdas.
¿Dónde aprendió esos poderes? Obviamente en Egipto, de manos de Moisés.
En la novela de Reed la sucesión la forman Osiris, Dioniso y Moisés.

Orfeo, al que Reed no menciona en Mumbo Jumbo, supone el triunfo de los atonistas.
¿Quienes son los atonistas?
Los Atonistas son los primeros monoteistas que en Egipto rindieron culto al Sol, Atón. Ya sabemos que pasa con los monoteísmos y su insistencia en la tristeza y el sufrimiento para alcanzar un hipotético paraíso tras la muerte. El monoteísmo desprecia el jes grew, el tíaso, el vino y la música. Los condena.
(Dejemos aparte la oposición Sol- Luna, Luz-Oscuridad, Blanco-Negro)
Los Atonistas somos nosotros.

Lo que propone Reed en su novela es sencillamente fascinante. Una reescritura de la historia cultural de nuestra civilización. Tenemos tan asumido desde nuestra perspectiva occidental los orígenes de nuestra cultura que no nos damos cuenta de que parte básicamente de la cultura egipcia asimilada por los griegos. Es decir, y tiene que venir Reed a recordárnoslo, que nuestra civilización, Osiris mediante, nace en Egipto, en África. La triada Osiris-Dioniso-Moises representa el proceso de degeneración de dicha cultura, el proceso de “blanqueado” de la cultura egipcia y africana que es la base de nuestra civilización. Orfeo sería la culminación, la atonalidad completa. Orfeo sería el mensajero de los atonistas.

En resumen, el jes grew, como el antiguo séquito de Dioniso, avanza como una epidemia por Estados Unidos, dirigiéndose a Nueva York. Allí, la secta atonista resistente, herederos de los Templarios, se prepara para atajar el avance de la música y el desenfreno, mediante el Androide Parlante, una especie de zombi movido por rituales haitianos, un engendro negro que obedezca las ordenes de su amo blanco para restaurar el orden establecido.
Con estas premisas absurdas y con grandes dosis de ironía Reed crea una de las Grandes Novelas Americanas Estadounidenses del siglo XX. Una novela conspiranoica que contiene una gran crítica social. Una novela divertida y reivindicativa. Una novela desestructurada y coherente.
Una gran novela.

14/12/16

Enlaces y cosas, diciembre 2016

Lo que no hago, lo que no escribo me define mejor que lo que se puede leer en este blog. Pero eso solo lo sé yo.
Por ejemplo, no he escrito nada sobre El juguete rabioso, de Arlt, ni sobre Nefando de Ojeda, ni sobre Bellas artes de Sagasti. No porque no me hayan gustado (que puede que sí o puede que no; o puede que ni una cosa ni la otra) sino porque no tengo nada que añadir, nada de lo que pueda decir sumará (positiva, negativa o neutramente) a las obras.
Leo mucho escribo poco.
Tal vez no lea tanto.
Me ha entusiasmado El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu, pero esto pertenece a otro ámbito de mis aficiones lectoras... de todas formas me fastidia el tema este de las trilogías, pentalogías y dodecalogías.

Ahora recuerdo que no escribí nada sobre El cuento de la criada, de Margaret Atwood, una novela muy recomendable.

No tengo vida social.

Compré una pequeña mesa para hacerme un minidespacho en un rincón de una habitación para ponerme a escribir por las mañanas... acabo escribiendo como siempre, en otro sitio, hundiéndome en el sillón hasta que mi barbilla toca el portátil.
Me reincorporo. Sigo.

La verdad es que mis horarios laborales no son los más adecuados para escribir.

(Ahora recuerdo que también leí-releí dos novelas de Dick, Gestarescala y El hombre en el castillo... ¡qué malo es Dick escribiendo y desarrollando sus tramas! Pero sus ideas son interesantes)

La verdad es que mis horarios laborales son una mierda.
La verdad es que, además, estoy harto de escribir.
(Este podría ser el mensaje oculto del post... pero en realidad no tiene importancia)

Ahora hablaremos de mi novela.
Como podéis comprobar la editorial Rango Finito ha cerrado su página web. De hecho ya no existe. Me parece que, aunque me gustaría que fuese un hecho provisional, es completamente definitivo.

Así que si queréis comprar mi novela Un acontecimiento excesivo, en ebook o en formato físico, lo podéis hacer a través de las plataformas digitales:


(Todavía se puede comprar Constatación brutal del presente... me extraña que no hayan reciclado todos los ejemplares todavía)

También podéis encontrar un relato en el número especial sobre la locura llamado Delirium en ProsaInmortal #5

Y sigo emitiendo a las ondas semanalmente mi delirio psicotrónico musical sobre cincuenta años de rock y pop en Revista Rosita


Y nada más.


2/12/16

Patas de perro, de Carlos Droguett

Patas de perro, de Carlos Droguett se publicó en 1965 *. La pregunta es, ¿por qué no se escriben en la actualidad novelas como esta?**


Notas:
*: En 1963 Stan Lee y Jack Kirby lanzaron para la editorial Marvel la serie X-Men en la que unos niños-adolescentes con extraordinarios poderes debidos a mutaciones genéticas eran entrenados para combatir el “mal” por el profesor Charles Xavier, mutante a su vez. Aunque nunca se especifica cómo adquirieron esos poderes se adivina como trasfondo la histeria nuclear propia de la época de la Guerra Fría. Quizás algo de ese zeigeist captó a su vez Droguett para presentarnos también a una especie de mutante, un niño cuyas piernas son de perro, para elaborar su tesis narrativa sobre la discriminación y la exclusión.
El discurso sobre la discriminación está presente también en las aventuras de los X-Men. Es posible que la X tenga que ver con Malcom X, lo que situaría a Magneto, el villano de la serie, en el papel de Martin Luther King... es posible que la realidad sirviese de inspiración pero de ser así resulta paradójico que un cómic que pretende denunciar la segregación racial presente a unos personajes de aspecto caucásico... pero no es ese el tema que nos interesa.
La diferencia, el rasgo definitorio que hace a una persona diferente es lo que importa, más que la generalización o la inspiración. En la novela de Droguett, Bobi,
no era un muchacho deforme, no, su cuerpo era firme y esbelto, delgado y duro, casi atlético, a pesar de lo mal que se alimentaba y sus piernas eran un par de soberbias piernas de perro, robustas y orgullosas, enhiestas y casi fieras y en la cintura se juntaban de un modo tan natural que parecía que él había nacido de una generación muy antigua y refinada, de una maravillosa familia de seres humanos con patas de perro

no posee superpoderes, más allá de “la ferocidad de su inteligencia”. Es diferente y es la diferencia lo que determina su vida, para mal. Se convierte en objeto de la ira de su padre, del desprecio de los niños de su edad y del asco de su profesor. Análogamente a lo que ocurre en los X-Men es una especie de mentor, en este caso el narrador, quien le proporciona una especie de refugio, aunque se demuestra que no hay posibilidad de ocultar ni conseguir que los otros acepten el rasgo que determina la diferencia. Believing the strangest things, loving the alien es una utopía. Todavía nos movemos impulsados por instintos primarios. Matar o expulsar al extraño es la consigna.

**: Deliberadamente la pregunta está mal planteada. No se trata de por qué no se escriben novelas como la de Drogett, sino de por qué no se publican este tipo de novelas en el que, sin quitar importancia a lo narrado, prima sobre el conjunto la forma en que se narra.

No soy especialmente feo, no soy viejo todavía, tengo algunos muebles, alguna ropa y libros, muchos libros, montones de libros, novelas, novelas, novelas largamente tendidas a través de los siglos, a través de los países, novelas que atraviesan por debajo los continentes, como túneles, llenas de hombres, de mujeres, sudorosos, lacrimosos, alegres, demasiado alegres, robustos, insolentemente robustos, y niños, niños blancos, negros, niños amarillos de los hospitales, niños verdosos de la selva y todos desnudos y asustados, vestidos y extrañados, jugando o llorando, con granos o con mamaderas, rompiendo muñecas, rompiendo a sus madres, comiéndose a sus padres y yéndose por el medio del río, por arriba de las copas de los árboles entre el invierno, navegando en su barquito de madera de forma lúgubre, de madera lúgubre y silenciosa, y mujeres, millares de mujeres, collares de senos, de cinturas recién creadas, crearé el dolor, dijo Dios, crearé el sueño y el ensueño, dijo Dios poniéndose huraño, poniéndose mustio y cada vez más habiloso, y tenía las manos hundidas en el barro, voy a joder al hombre, dijo Dios y se reía para sí, se reía hacia dentro de su grandeza y tenía un montón de barro en sus bellas enormes manos, voy a crear el mal y el bien, el arte y la crítica, dijo Dios y estaba silencioso, como que se había quedado asustado porque el silencio lo rodeaba como un círculo de barro...

Debemos preguntarnos porque la industria editorial ha dado la espalda a este tipo de narración desmesurada y poética, bella en su fondo y en su forma (porque hay que admitir que la belleza no se limita solamente a lo que se describe, aunque lo descrito no sea bello, sino que también hay belleza en la composición) para ceder terreno a la sencillez narrativa. Existe una tendencia hacia la gentrificación narrativa. Una editorial es, en gran manera, por mucho que algunos quieran contradecirme con un relato épico, una empresa, y como tal está sujeta a intereses económicos. La aberración del sistema económico global lleva a la conclusión de que una empresa no debe ser simplemente rentable, sino que debe producir año tras año cada vez más beneficios... pero esa es otra historia, a no ser que sea la Historia.

Campo, nieve, libros, Dios, todas cosas parecidas, simples, duras, indiferentes, que te dejan libre, casi botado, para que te formes o te hagas pedazos, leía libros, leía libros y pensaba, ésta es mi vida, ésta es toda mi vida, faltan cuarenta, cincuenta años, ésta es toda mi vida, este pedazo de campo, este pedazo de libro, este pedazo de Dios, libros, libros, en Santiago conocí libros, conocí hombres, libros falsos, estúpidos, canallescos, horriblemente feos, este libro no tiene huesos, vísceras, sangre, este hombre no tiene inspiración, este hombre habría sido bueno escrito cien años antes, este libro nació muerto como el que lo escribió, ¿te has fijado en lo que se parecen ambos, abiertos, solapados, hipócritas, calculadores, cobardes, francos, valientes, piadosos, solidarios, el hombre, el libro, esta larga o corta respiración del hombre? y alégrate, alégrate sin alegría de que no todos los hombres escriben libros y de que no todos los libros sobreviven, porque hay hombres que no merecen vivir y libros que no merecían ser escritos.

La parábola del perseguido por diferente es la base de la novela de Droguett. Pero la verdadera belleza, el carácter que lo convierte en un libro que SÍ merecía ser escrito, que merece ser leído, es la laberíntica forma en que se nos presenta, creciendo desde dentro de un narrador que intenta descifrar el enigma de una persona que es la misma personalización de la otredad; un Otro inalcanzable y únicamente comprensible a través de nosotros mismos, lo cual no puede llevar más que al fracaso. ***
Un fracaso extremadamente literario.
No sé si es la mejor novela chilena de todos los tiempos. Pero es una gran novela.

***: ¿Fracaso? Cuando terminéis de leer la novela volved a la primera página. Leed. Dudad. Replantearos toda la historia.

No puedo dormir, no puedo olvidar, no puedo olvidarlo, sólo por eso escribo, para echarlo de mi memoria, para borrarlo de mi corazón, tal vez después decida morirme o no vivir...

El Otro es inalcanzable incluso cuando forma parte de nosotros mismos.


Los fragmentos de Patas de perro de Carlos Droguett de la edición de Malpaso Ediciones.


21/11/16

El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

No quiero ser como las contraportadas de Anagrama en las que se desvela parte del misterio de la novela, así que, si no queréis pistas sobre la novela no sigáis leyendo. A mi me ha parecido una novela magnífica tanto en su aspecto de novela de género fantástico como en su construcción recreando el estilo de Malory y su ciclo artúrico (o la recreación de la recreación de Mallory que hizo Steinbeck). 
De todas formas estoy dividido ante la novela de Ishiguro. Por una parte he disfrutado mucho leyéndola. Por otra debo despojarme de mis prejuicios ante la novela de género: ¿Es una novela menor por ser fantástica, de fácil lectura y no pretender ser Alta Literatura (sea lo que sea eso)? Creo que bajo su apariencia de divertimento, de su pertenencia a un género al que todavía se considera menor, de poder calificarla en algunos aspectos de comercial, Ishiguro no traiciona lo que podríamos llamar principios de su narrativa.
Así que recomiendo enfebrecidamente su lectura.
Sigamos... o no.


Después de lograr la paz a través de la guerra, el rey Arturo se vio en el dilema de todos los soldados en tiempos de quietud. No podía desbandar a sus caballeros en un mundo donde la violencia dormía un sueño inquieto. Y por otra parte, es difícil, cuando no imposible, preservar la fuerza y el temple de los hombres de armas si no utilizan las armas, pues nada se herrumbra con tanta prontitud como una espada en desuso o un soldado ocioso.(...) Así aprendió Arturo la lección que todos los caudillos aprenden con perplejidad: que la paz, y no la guerra, es la que destruye a los hombres; la tranquilidad, y no el peligro, la madre de la cobardía; la opulencia, y no la necesidad, la que acarrea aprensiones e inquietud. El rey descubrió que la anhelada paz, lograda a un precio tan amargo, engendraba más amarguras que la angustia padecida para alcanzarla. El rey Arturo veía con aprensión cómo los jóvenes caballeros, en principio destinados al ejercicio de la guerra, agotaban sus fuerzas en el cieno del lamento, la confusión y la autocompasión, condenando los viejos tiempos sin haber creado nada para reemplazarlos.

John Steinbeck; Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros. (Traducción de Carlos Guardini para Edhasa)


Y, antes de terminar la frase, abre la cajita. Pero allí no había absolutamente nada: ni rastro de belleza; al contrario, tan sólo había un sopor infernal, el auténtico sueño del Estigio, que invadió a Psique en cuanto se levantó la tapa, envolvió todos sus miembros en una densa nebulosa soporífera y la hizo desplomarse en plena marcha.Yacía en el inerte suelo; estaba tan dormida como un cadáver.
Apuleyo, El asno de oro. Psique y Cupido.


Un anciano barquero de imponentefigura, se acercaba remando vigoroso,y cual golpea el látigo furioso,restallaba su voz, dura, inclemente:
—¡Ay de vosotras, almas pecadoras,nunca esperéis volver a ver el cielo!Vengo a llevaros a la otra ribera,donde no existe el día ni las horas,a las tinieblas, al calor, al hielo.Tal es la eternidad que allá os espera.

Dante, Divina Comedia; Canto III, La Puerta de la Muerte.


Dice la tradición órfica que una vez traspasadas las puertas de Hades, tras pagar tu óbolo al barquero, no debes beber las aguas del Leteo, el río del olvido. Debes aguantar la sed que te domina hasta llegar cerca del palacio del dios del inframundo y beber de una fuente junto a un avellano, símbolo de sabiduría. Así conservarás intacta tu memoria y podrás acceder a los Campos Elíseos... o algo así.
El barquero siempre conserva intacta su memoria. El barquero es el único narrador posible de la novela de Ishiguro, eso lo entendemos al final. Pero el barquero es un tramposo, nos engaña y siempre, siempre, pide algo a cambio.
La memoria es fundamental en toda la narrativa de Ishiguro. La memoria y el solipsismo. Sus novelas suelen estar narradas en primera persona por una suerte de narrador infidente que constituye nuestra única fuente de información. En las novelas de Ishiguro la incertidumbre y la inconsistencia de la memoria es fundamental. 
En El gigante enterrado nos enfrentamos a una nueva perspectiva de este aspecto recurrente en Ishiguro. Aquí todos los personajes son incapaces de recordar. Toda una región está sumergida en una bruma de olvido que si bien no les permite recordar como han llegado a esa situación si que les permite crear pequeñas comunidades en las que se vive en una relativa paz comunal.
¿Cuál es el truco del barquero, el único narrador posible de la novela y, como narrador de Ishiguro, infidente? ¿Qué nos pide a cambio de llevarnos hasta la otra orilla al final de la novela? En primer lugar que le creamos mientras nos cuenta la historia. En segundo lugar que digamos que su historia es una buena historia.
Bien no lo es y sí lo es.
Tal vez toda la narrativa de Ishiguro sea como la trampa mentirosa del barquero.
Disfrutas con la historia pero no encuentras nada al llegar al otro lado.

6/11/16

Éxodo, de Lars Iyer

Las escenas finales de la novela de Iyer nos llevan a una triste conclusión: No hay reacción frente a la acción. Aunque, como todo lo descrito en la novela, la acción resulta risible y la importancia que le dan los protagonistas desmesurada frente a la realidad-de-las-cosas, no es menos cierto y desconsolador que lo que Iyer consigue es mostrarnos un retrato pesimista sobre nuestra sociedad y el papel del pensamiento en ella.

El éxodo es un largo camino a través del desierto del capitalismo salvaje, un capitalismo que se niega a morir, del que somos incapaces de, ni siquiera, imaginar su final. Un largo camino por el desierto de las consecuencias de la despiadada, inhumana y carente de pensamiento política capitalista.

Éxodo, también, es una broma monumental. Es la broma del signo de nuestros tiempos.

Cuestión 9: ¿Qué significado tiene el pollo bailarín del Stroszek de Herzog? Analiza en referencia a i) tu vida, y ii) el cosmos.

La cuestión es que tengo cientos de frases anotadas para ilustrar estas notas, pero de nada serviría descontextualizarlas. Creo que el contenido de Éxodo funciona dentro de la misma novela, que es difícil sacar conclusiones sobre algunas de las magníficas frases de Iyer sin tener en cuenta el momento narrativo en que son pronunciadas. Porque al mismo tiempo que encierran verdades desde una perspectiva filosófica (verdades relativas, entonces),y que se podrían considerar aforismos con valor en sí mismos, resulta que todo cuanto les ocurre a Lars y W. forma parte de una continua paradoja absurda que contradice acción y pensamiento. Al tiempo que muchas de las frases de W. no le pertenecen estrictamente, ya que, considerando su carácter, se apropia de lo que otros han dicho sin atribuirlo. Lars puede ser un idiota para W., pero es trabajo del lector descubrir si W. es menos idiota que Lars, si ambos son idiotas o si ninguno de ellos lo es.

Naturalmente, van a cerrar todos los cursos de humanidades en las universidades británicas, dice W. Se repite la situación de los 80: protestas y huelgas, cierres de departamentos y ceses. Aquélla fue una época terrible, dice W.Pero al menos en los 80 el gobierno reconoció a la filosofía como el enemigo, dice W.: Al menos comprendieron el poder de la filosofía. Las humanidades son el enemigo del capitalismo: eso es lo que comprendieron en los 80. Que la filosofía es el eterno adversario del capitalismo.
Pero ¿ahora? El gobierno ya no considera a las humanidades como un enemigo. dice W. El gobierno no tiene nada en particular contra la filosofía. Su oposición a ella no tiene base ideológica, ni tampoco la sospechan subversiva. No les preocupa que la filosofía esté entrenando a insurgentes del pensamiento.
Simplemente van a marquetizar la educación, dice W. Simplemente van a orientar la universidad al libre mercado, igual que están orientando todos los sectores de los servicios públicos al libre mercado. Van a entregar la filosofía a la fuerzas del capitalismo.


Lo destacable de la trilogía de Iyer es que bajo un aspecto liviano e irónico, aunque Éxodo, más directa y contundente, sea la menos irónica de las tres, ofrece una desesperanzadora visión de nuestra sociedad y del papel cada vez menos importante del pensamiento y las humanidades en ella. Un papel residual que se ve obligado a aceptar a causa del estado-de-las-cosas. Pero el mismo título de la novela da una pista de las expectativas de Iyer. Existe un remanente del pensamiento, de la filosofía, de las humanidades, que permanecerá a la larga procesión por el desierto. Una esperanza en un futuro mejor, comunal y arcádico se desprende de algunas de las palabras de W. Pero esa “nueva sociedad” no la veremos nosotros, ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos.
A no ser, claro, que el fin del mundo, más sencillo de imaginar que el fin del capitalismo, acabe definitivamente con todos nosotros.


Los fragmentos de Exodus de Lars Iyer, de la traducción de José Luis Amores para Editorial Pálido Fuego.

4/10/16

La verdad sobre Marie, de Jean-Philippe Toussaint

Saqué esta novela de la biblioteca para descubrir si ya la había leído. No. Había leído otras novelas del autor, Fuir y Hacer el amor.

Sobre Fuir escribí en 2010: Narrado en primera persona la historia está dividida en dos partes, la que ocurre en China y la que ocurre en la isla, teniendo en cuenta que no existe diferenciación ninguna entre ambas, narradas ambas con la misma voz desapegada de un narrador ensimismado y desconectado del mundo, que prácticamente no establece contacto dialogal con quienes le rodean excepto cuando es necesario. De alguna manera es un narrador que recuerda a Chejfec y Vila-Matas por su introspección pero enfrentado a un mundo vertiginoso que requiere acción inmediata, menos contemplativo, con voluntad pasiva pero enfrentado a los actos que requieren, de ahí el título, una constante fuga.
La narración es fluida y cómoda, exceptuando alguna puntual redundancia en las descripciones. La historia, a pesar de desarrollarse en acción, contrasta con el carácter pensativo del narrador. Se crea con eso una sensación de extrañeza reafirmada por la incertidumbre no revelada de los actos que generan la acción narrativa y por los misterios no resueltos que se plantean a lo largo de la historia. Es pues tanto una historia de hechos y una narración introspectiva de modo que el narrador parece fluir en torno a los hechos como por una sustancia viscosa, dejándose arrastrar y siendo, más que testigo, observador de unos hechos en cierta manera incomprensibles.
Es una novela contemporánea, inteligente, de apariencia simple por su austeridad, pero compleja en su estructura fría y desapegada.

Es un fragmento que pertenece a un informe de lectura elogioso en el que recomendaba la publicación de la novela de Toussaint.

Lamento no haber escrito nada sobre Hacer el amor, publicado por la editorial Siberia. Porque en la comparativa sería interesante redescubrir los motivos por los que esta novela de Toussaint me pareció destacable. En muchas ocasiones me doy cuenta de lo poco que escribo desde hace un tiempo en el blog. Tiene que ver con lo que quiero contar que está relacionado (y no) con la novela de Toussaint que intento reseñar.

Pongamos que un escritor que en principio me parece interesante y cuya segunda novela leída me deja un buen recuerdo me provoca una sensación extraña a la tercera tentativa.
La cuestión es que La verdad sobre Marie es una buena novela. Lo que ocurre es que me estoy volviendo un lector no diría exigente sino aburrido. Aburrido de las trampas y de los narradores, aburrido de narrativa.

(En otro orden de cosas, como ya comenté en twitter, la última novela de Don DeLillo me ha dejado completamente indiferente, tanto que no creo que vaya a volver a leer nada más de él)

Obviamente aquí el problema soy yo. Yo y mi hastío. Mi hastío de tantas novelas y tantas películas y tanta futilidad.

(Necesito enfocar mi vida de otra manera... como si eso, enfocar, significase algo)

La cuestión respecto a la novela es que no debería llamarse La verdad sobre Marie sino La verdad subjetiva sobre Marie. Lo que sabemos sobre Marie, la verdad, lo sabemos a través del narrador. La novela se puede dividir en tres sucesos, el del apartamento de Marie, el del aeropuerto de Tokio y el de la isla de Elba.
(Una de las partes de Fuir trata sobre el entierro del padre de Marie en la isla de Elba, aquí se narra como Marie se aposenta en la casa de su padre tras la muerte de este, Fuir y La verdad sobre Marie forman parte de una tetralogía, creo, que se centra en la relación sentimental entre el narrador y Marie... si no recuerdo mal, Hacer el amor también forma parte de ella) (claro que es posible que la Marie que aparece en estas novelas no sea siempre la misma Marie) (ni que el narrador sea el mismo narrador)
De los tres sucesos que componen la novela el narrador solo participa plenamente en una parte de lo que acontece en la isla. La verdad sobre Marie según el narrador se basa en contados datos que le da Marie, en algunas confidencias que se le escapan a ella durante una cena y en confesiones más íntimas que posteriormente la mujer lamenta haber hecho: “(...) indiscreciones sobre sus relaciones privadas que de inmediato hice mías para desarrollarlas en mi imaginación”. Esta es la cuestión fundamental de la novela, que lo que se cuenta con profusión de detalles, no es más que el desarrollo en la imaginación del narrador de unos hechos que pudieron o no ocurrir como se cuentan. Una vez que nos cuestionamos la veracidad de lo que se nos cuenta, podemos también dudar de que los hechos realmente ocurrieran, dudamos de la veracidad del narrador y finalmente dudamos de la veracidad del autor. Lo que quiero decir, es que exponer (otra vez) la subjetividad de lo narrado, destroza de alguna manera el andamiaje de la obra, la deja expuesta, de forma que lo único que queda es el escritor y la escritura.
Y ya estoy aburrido.

Y tampoco es que me gusten demasiado las historias sentimentales ni las novelas que tratan sobre las relaciones de pareja... para mí es como si me hablaran de geología... es interesante, pero no me aporta nada.

Y mucho menos cuando el personaje de Marie se me va haciendo más y más antipático a lo largo de la novela... se convierte poco a poco en un personaje femenino de las películas de Godard... no sé si me explico... como Brigitte Bardot en Le mépris, una especie de objeto contemplativo sin personalidad o con una personalidad vista desde un punto de vista masculino... como si la desnudez fuese un rasgo característico de la personalidad femenina... yo qué sé... una tontada.



No me hagáis caso. Vivo en el hastío y en la apatía.
Toussaint es un buen escritor y sus novelas son interesantes.
Y yo no soy más que un lector abúlico.
(¿Qué me ha pasado desde 2010 en el que me mostraba tan entusiasta hasta ahora? ¿Estoy condenado a 20 años de aburrimiento?)

14/9/16

Proleterka, de Fleur Jaeggy

No debe excluirse que algunos lugares toleren mal a sus nuevos propietarios. Los que llegaron después eran sólo intrusos en el dolor que se había sedimentado. Los objetos a veces se rebelan. Los objetos, como las habitaciones, piensan. Quizá nada pueda destruirse totalmente. Del mismo modo que nada es una victoria.

La literatura es un piano que nadie toca encerrado en una habitación en la que nadie entra. Al menos esa es la imagen de una mala alegoría que extraigo de la novela de Jaeggy. La inmensa novela de Jaeggy.

El sonido del piano representa todo lo que no he tenido”, dice la narradora sentada frente al piano de teclas frías que ella no toca. Ahora tiene el piano y el silencio del piano. “El sonido del piano, un sonido mental y visual, pronuncia con precisión palabras de muerte y condena”, frases casi poéticas con una acerada y demoledora precisión. La prosa de Jaeggy duele. Es certera y concisa. Se sienta frente a las hojas en blanco como la narradora de Proleterka frente al piano: “Han pasado muchos años y ahora el Steinway está en mi poder. Puedo hacer con él lo que quiera. Me siento junto al piano y digo: «Puedo quemarte», Después lo miro”. Puede quemar todas las páginas que escribe, páginas que son como el silencio de un piano que nadie toca, como el recuerdo del sonido de un piano que otros han tocado con anterioridad. Son pianos que pueden empezar a sonar de un momento a otro pero que persisten en su silencio. Y del silencio del piano y del recuerdo de su sonido son testigos las partituras. Más o menos así es la narrativa de Jaeggy, la transcripción de una partitura, algo que no es música pero simboliza la música, algo que es música pero que carece de la emoción de la interpretación. Es algo deliberado y que soslaya la contradicción que encierra de forma magistral. Porque al igual que la partitura no capta la emoción de la música, la literatura no puede captar la realidad. Jaeggy decide que su narradora sea aséptica, fría, cortante, directa para mostrarnos su mundo interior en el que las emociones están constreñidas. Sin embargo, entre la frialdad de la precisión descriptiva, afloran imágenes de una belleza insólita cargadas de la misma emoción que parece tratar de evitar.
La historia... qué más da la historia. Jaeggy puede hablarnos de lo que quiera. La historia tiene importancia, sí. Es determinante en la actitud de la narradora. Pero la forma lo es todo.
Pienso que si los poetas, es decir, aquellos que dicen escribir poesía, rozasen siquiera la forma en que escribe Jaeggy, yo leería más poesía.
Hasta entonces seguiré con su sublime narrativa.


(Los fragmentos de la traducción de Mª Ángeles Cabré para Tusquets)

12/9/16

Las chicas, de Emma Cline

La realidad no puede ser un spoiler:

Dennis Wilson, batería y miembro fundador de los Beach Boys, conoció en 1968 a Charles Manson. En principio Wilson recogió a dos chicas que hacían autoestop que resultaron pertenecer al clan Manson, poco después se encontró a éste y a toda sus seguidores ocupando su casa. Una docena de desconocidos, en su mayoría mujeres, que poco a poco se fueron instalando en la mansión de Wilson. Quid pro quo: Sexo por alojamiento. El objetivo de Manson era aprovechar los contactos de Wilson para grabar un disco con sus propias canciones.


… “pero yo también lo oía, todo ese vacío en las canciones que te hacían ver que eran burdas, ni siquiera burdas, sencillamente malas: sensiblerías empalagosas, letras sobre el amor tan insulsas como las de un niño de primaria, como un corazón dibujado por una mano regordeta. Sol, flores y sonrisas. Pero, aun así, no era capaz de reconocerlo del todo”


Al final, durante el año 1969, periodo en el que transcurre la novela de Cline, el compromiso de decir que no a Manson recayó en el productor Terry Melcher.
Terry Melcher alquiló su casa a Roman Polansky y Sharon Tate.
Manson quería matar a Melcher. Al clan ni siquiera les importó que Melcher ya no viviera allí. Ni debieron saberlo.
Un detalle escabroso: Los cuatro salieron manchados de sangre de la casa en la que creían que vivía Melcher cantando “Qué será, será”. Terry Melcher era hijo de Doris Day.

[Nota: Hitler y la pintura, Manson y la música... ¿todavía no se ha dado el caso del escritor rechazado que se dedique a asesinar editores?]

Cline en Las chicas da por sentado que la historia de los brutales asesinatos de Cielo Drive perpetrados por Charles “Tex” Watson, Patricia Krenwinkel, Susan Atkins y Linda Kasabian, miembros de la Familia Manson y la relación que el clan mantuvo con Dennis Wilson son suficientemente conocidos. A partir de esos hechos crea una ficción cambiando los nombres de los personajes tomando como referencia el punto de vista subjetivo de una narradora que tiene cierta intervención en los sucesos para intentar explicar(nos)(se) los motivos y circunstancias que en la época podían impulsar a una adolescente a formar parte de una comunidad dirigida por un líder, Russell, con una especie de poder místico de convicción.
Sexo, drogas, mugre y mala música. Good vibrations.



Estábamos fundando, decía Russell, un nuevo tipo de sociedad. Sin racismo, sin exclusiones, sin jerarquías. Estábamos al servicio de un amor más profundo. Así lo decía él: un amor más profundo; su voz retumbaba en aquella casa destartalada de las praderas californianas, y jugábamos todos juntos como perros, revolcándonos, mordiendo y jadeando por el impacto del sol. Éramos apenas adultos, la mayoría y aún teníamos los dientes lechosos y nuevos. Comíamos cualquier cosa que nos pusieran delante. Gachas que se nos quedaban atascadas en la garganta. Pan con kétchup, virutas de carne ahumada de lata. Patatas empapadas en aceite de colza en espray.”


El punto de vista subjetivo de la narradora es sumamente conveniente para las intenciones de la autora. En primer lugar la narradora perteneció y no perteneció al clan que se describe en la novela. Pese a estar fascinada por la vida en esa nueva sociedad fundada por Russell y a su evidente atracción por una de las chicas, la narradora sigue atada a su pequeño mundo burgués en el que la idea de familia se va desmoronando. En segundo lugar la subjetividad sirve para que se sucedan una serie de imágenes narrativas de una fuerte carga poética al tiempo que crítica. Poética en cuanto rememora un sentimiento adolescente, crítica en cuanto la narración parece tener la perspectiva del tiempo como aliada. Todo esto confiere al personaje de la narradora una carga emocional ambigua y un carácter muy personal, subjetivo, por lo que todo juicio queda en manos del lector, si es que este cree que debe juzgarse.

Las chicas es una novela correcta... sea lo que sea lo que eso signifique.

(Bien, aquí viene ahora la reflexión sobre las cosas que se pueden leer en las solapas. “Las chicas fue el libro más codiciado en la Feria de Frankfurt de 2014”, “se plantea adaptar el libro a la pantalla”... Independientemente de su posible valor literario o narrativo, lo que se destaca es el dinero que se ha tenido que pagar por sus derechos (“el libro más codiciado”) y su próxima adaptación cinematográfica. ¿Qué es lo que realmente ocurre en el mundo editorial? Pues que se intenta no asustar al lector, no ya alabando las posibles virtudes literarias de una novela, sino descartando toda obra que ofrezca un grado de dificultad. Que una novela se vaya a adaptar al cine implica que su narración puede resumirse en imágenes. Lo que se le está diciendo al posible lector que vaya a comprar la novela de Cline es que no tenga miedo, que es una narración accesible cuya historia puede compendiarse en una proyección de poco más de hora y media. De hecho eso es lo que la mayoría de los catálogos editoriales ofrecen: “narraciones accesibles”. Y Las chicas lo es. Desde un “fundamentalismo” literario asegurar que una novela es “accesible” puede parecer un desmérito. Pero no necesariamente tiene que ser así. Las chicas es el tipo de narración que ofrece habitualmente Anagrama. Buena narrativa sin ambición literaria. Pero el hecho de que la ambición literaria haya desaparecido de los criterios de evaluación de una novela, que se valore más el dinero pagado o su adaptación cinematográfica dice bastante sobre el tipo de narrativa al que nos quieren empujar los grandes, poderosos, medios editoriales)


Los fragmentos pertenecen a la traducción de Inga Pellisa de The girls, Las chicas, de Emma Cline, para la editorial Anagrama.

8/9/16

Un acontecimiento excesivo en Editorial Rango Finito

Dentro de pocos días aparecerá por fin mi novela titulada Un acontecimiento excesivo.
La publica la nueva editorial RangoFinito.
La ficha de la novela puede leerse aquí: Un acontecimiento excesivo.
Ni que decir tiene que para mi es un honor inaugurar el catálogo de una editorial, así que no puedo más que sentirme muy muy agradecido a su editor, Raúl Navarro.

Se podrá adquirir en formato digital a través de las plataformas digitales y en impresión bajo demanda para aquellos fetichistas que necesitan el olor del papel y que se entretienen acariciando los lomos de los libros.
La portada es negra como el abismo que... no adelantemos acontecimientos.



Espero no decepcionaros y que os guste el resultado. Tengo que decir que está escrita, la primera versión que prácticamente acabó siendo la última, poco después de CBDP. El motivo por el que ha tardado tanto en ver la luz es una larga y trivial historia que no merece ser contada. Olvidemos el pasado, es momento de seguir adelante, hacia el no-futuro.


Muchas gracias y disculpad la propaganda.  

4/9/16

La familia real, de William T. Vollmann

Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

Génesis 4 (Reina-Valera)


Normalmente tenemos la obra de un autor y su vida privada. En ocasiones, y puede que este sea el caso de Vollmann, la figura del autor, su imagen pública, se sobrepone a sus textos. Ahí tenemos al autor entrevistando a indigentes por todo el mundo o intentando convivir con aquellos que han construido un campamento al lado de su casa. O en las guerras de Afganistan y Bosnia. O explorando el Tenderloin nocturno con todas sus consecuencias. O enfundándose en un traje antirradiación para explorar las entrañas de la central nuclear de Fukushima. O travistiéndose para crear al personaje de Dolores. O...
La cuestión es que la figura pública de Vollmann se está convirtiendo en una especie de sombra que invade sus textos (¿de ficción?) a la que el propio autor no intenta poner freno... es más, de vez en cuando deja que irrumpa en la narración. En este aspecto es desasosegante la aparición de la primera persona en algunos pasajes de la novela. Parece decirnos que a pesar de estar ante una ficción no podemos olvidar que el sustrato social que refleja es verdadero. Como dijo en una entrevista: “La prostitución es el emblema de la condición humana porque en las relaciones sexuales los deseos de una y otra persona nunca son exactamente iguales” y “todos somos prostitutas” (No sé yo si apostillar aquí que la prostitución es el emblema de la condición humana en un sistema capitalista, porque me alejaría del tema... dejémoslo así)
La irrupción de la primera persona es brutal en el capítulo 28. En él, esa primera persona, obviamente el propio Vollmann, establece una especie de diálogo con la crítica del The New Yorker, Deborah Treisman, que ha leído una parte de la novela y la ha reseñado remarcando lo que para ella son defectos, centrando su crítica en el personaje de John. Vollmann, el narrador de Vollmann, responde: “La Reina no es sino una ilusión, portavoz de mi pomposa simbología, sus putas, mera utilería de cartón mugriento chorreante del semen del mal gusto; Irene asume del mismo modo un semblante puramente exótico; Henry Tyler se limita a ser Henry Tyler, o séase, una nada gris. Pero John, venga ya, ¡pero John! ¿Cómo va a ser John una caricatura, cuando soy incapaz de librarme de él?
Resulta fascinante comprobar en este pasaje como Vollmann nos da las claves para interpretar su novela: Acepta la simbología que encierra su narración y el papel que asume cada personaje y, sobre todo, el papel fundamental que asume el personaje de John, un personaje inevitable y con una presencia arrolladora, llena de una grosera sinceridad cargada de ira y violencia.
Pero vayamos por partes.
Henry Tyler, al que Vollmann califica de “nada gris”, es el principal foco narrativo de la novela. Su desavenencia con su hermano John tiene que ver con la relación que Henry mantuvo con Irene, la mujer de John. Tenemos en esta narración simbólica, a dos hermanos enfrentados, uno de ellos, Henry, con la marca de Caín sobre su frente. Como en el relato bíblico tenemos a dos hermanos enfrentados por la respuesta de Dios, o por el destino social, a sus esfuerzos. Pero Vollmann no se basa únicamente en el texto oficial del cristianismo, sino que parece aceptar la versión gnóstica según la cual, Caín no sería hijo de Adán sino de la serpiente, con lo que la Marca de Caín sería en el fondo la pertenencia a una estirpe maldita y condenada de antemano. Esto podía conducir a una representación simbólica de nuestra sociedad en términos maniqueístas, pero Vollmann da una nueva vuelta de tuerca a esta simbología: Ningún personaje de la novela tiene un carácter netamente positivo (salvo, quizás, Irene) en un sentido moral. No hay para Vollmann un enfrentamiento entre el Bien y el Mal en nuestra sociedad, sino diversas gradaciones del Mal que cada uno asume como puede.
De hecho, John, que es un exitoso abogado empresarial, comparte esa sinceridad violenta de la que he hablado con otro de los personajes, quizás el más desagradable de los que aparecen en la novela, el pederasta colaborador del FBI Dan Smooth. La sinceridad, y por extensión la verdad o la veraz descripción de la realidad, residen en dos de los extremos de la sociedad, en el abogado capaz de dar pátina de respetabilidad y legalidad a los negocios más abyectos y en el más execrable de los criminales. La Verdad es para Vollmann un privilegio del Mal.
O, más bien, no existen Bien y Mal y todo se reduce a nuestra errática condición humana. Es decir, todos llevamos la Marca de Caín.
La Verdad nunca es agradable.
Porque lo que consigue Vollmann en esta novela es que nadie se sienta a salvo, que nadie, ningún lector, pueda creer que esta fuera de esta sociedad sórdida que nos muestra. La realidad de nuestra sociedad se puede encontrar de noche en los barrios donde se ejerce la prostitución. Y no de forma simbólica.
Porque la “mera utilería de cartón mugriento chorreante del semen del mal gusto” que emplea Vollmann para mostrarnos la corte de la Reina de las putas, a pesar de ser “utilería”, tiene una fuerza descriptiva tan impresionante que repele. La familia real no es una novela fácil. No solo por su extensión, ni por sus digresiones, ni por su intención de abarcar un todo, un barrio de una ciudad, sin límites perceptibles. No es fácil porque el lector no tiene un asidero al que agarrarse. Entrar en La familia real es descender a un pozo mugriento y viscoso, lleno de excrecencias corporales y pústulas infectadas, plagado en todos sus rincones de desechos y basura, un descenso físico y moral a los últimos estratos de la sociedad, a ese submundo que negamos e ignoramos. No es fácil porque a pesar de que sabemos que en el fondo no es más que una ficción cargada de simbolismo, ese mundo que nos describe Vollmann existe. Y su existencia nos hace partícipes de ese mal que es la base de la condición humana y del que, leyendo en nuestro sillón, creemos estar a salvo.
Pues no lo estamos.
La familia real es una infección literaria que nos consumirá.
Debemos leerla y aceptar el regalo de la reina en nuestras bocas: Reconocer lo que realmente el mundo es.

Esa es la verdad que encierra la gran novela de Vollmann.